TIENE EN SU CARRITO DE COMPRA
en total Q. 0
En este libro, yo sostengo que así como todos nacemos con apetito por alimentarnos, de la misma manera todos los niños llegan a este mundo con apetito por aprender.Está ahí. Como humanos que somos, si no aprendemos, morimos; si no recibimos los estímulos que pueden provenir solamente de aprender, fallecemos de hambre espiritua. Los niños desean aprender, disfrutan aprendiendo. Mediante el juego resuelven problemas y van adquiriendo destrezas, habilidades y conocimientos. Paso a paso se animan a caminar solos; intentan, una y otra vez, subir un escalón sin perder el equilibrio. Repiten palabras, como si saborearan su sonido. ¿Alguien necesitó ofrecer una "estrellita dorada" a un niño que aprendía a hablar? Basta celebrar con ellos la alegría del dominio de un nuevo saber, compartir su gozo. Sin embargo, esa maravillosa experiencia de disfrutar suele irse apagando a medida que los niños crecen, en tanto se exponen a la educación formal.