LA FALSA DENUNCIA

LA FALSA DENUNCIA. LA SIMULACIÓN DE DELITO, EL DASACATO A LAS SENTENCIAS JUDICIALES Y OTRAS FORMAS DE VIOLACION A LOS DERECHOS DE LA NIÑEZ Y LA ADOLESCENCIA

Editorial:
EDICIONES RAFTULUM
Materia
Derecho
ISBN:
978-9929-40-453-3
Disponibilidad:
Disponibilidad y precio a confirmar

Jamás pensé lo difícil que me resultaría hablar de mí mismo (y de vencer ciertas resistencias internas). Fuera de eso no encontré gran dificultad en escribir lo aquí narrado. Lo difícil para mí ha sido vivirlo. Detrás de esta experiencia (troquelada ahora en ensayo) hay bastante dolor. El dolor de la injusta y ya prolongada separación entre la pequeña Jade y yo. Llevamos ya alrededor de cinco años de estar separados y completamente incomunicados.
A lo anterior agrego que lo único que se equipara al dolor provocado por esta injusta separación, sea el sentimiento de profunda indignación que me produce el constatar la asombrosa facilidad (e impunidad), con la cual se manipula al Sistema de Justicia de Guatemala, a no pocas instituciones sociales e incluso, a numerosas personas (supuestamente “neutrales”), que con su aparente pasividad (que más huele a complicidad), completan un cuadro de “enrarecimiento” de la atmósfera social, y nos desencantan con los aparentes avances de una supuesta “transición a la democracia” que pareciera no enraizar en este país.
Debo señalar, además, que otro motivo para escribir esto es denunciar tales anomalías. Hice de mi propio caso “un estudio de caso”. Es mi pequeño aporte ciudadano.
Es además, otra razón para escribir este texto, la necesidad (como todo buen padre), de rendirle cuentas y darle explicación veraz a mi hija, en relación a mí ya larga y forzada ausencia.
También porque necesito poner las “ies” en los vericuetos de esta historia, para que se conozca la verdad (y quizá también porque de repente me acordé de que todos tenemos derecho a la honra y a la buena reputación), tal y como lo establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Escribo esto para llamar la atención del Estado de Guatemala, sus poderes e instituciones públicas, sobre las violaciones a los derechos humanos que producen las arbitrarias acciones que aquí se describen y analizan, y en particular, de cómo la niñez y los adolescentes resultan directamente vulnerados a raíz de tales actitudes, y de la ingente necesidad de realizar profundas revisiones y cambios a diversas normativas (y reglamentaciones), y en especial, cambios a las formas en las cuales se ejecutan ciertas leyes y figuras jurídicas.
Además, otra buena razón para escribir esto tiene que ver con la gran cantidad de casos de evidente injusticia y persecución legal que en Guatemala tiene lugar en estos momentos, en particular en contra de muchos padres de familia, que hoy en día están en la cárcel por haber cometido el delito de pelear por el bienestar de sus hijos e hijas. O como se dice coloquialmente, están presos “mientras se averigua…”.
Me interesa también, llamar la atención con respecto al siguiente fenómeno social que estamos viviendo ahora en nuestro país: de la acostumbrada pasividad (y complicidad) con la cultura violenta del machismo irracional e irresponsable, hemos ahora pasado rápida y peligrosamente a una nueva cultura, relacionada ahora con la “cacería de brujos”, cuya perversa noción principal es la de que el solo hecho de nacer varón es una condición “altamente sospechosa”. Y de que “solo las madres saben querer y proteger a sus hijos e hijas…”
Otro aspecto (el último a resaltar), es que no creo en la cultura del silencio, de la pasividad y complicidad. Porque nunca he creído en la cultura del “dejar hacer y dejar pasar”. Porque considero que la “ciudadanía con dientes” no se construye en el silencio y con indiferencia ante las injusticias. Todo lo contrario.