DE FRENTE. MI CAMINAR POR LA IZQUIERDA

DE FRENTE. MI CAMINAR POR LA IZQUIERDA

Editorial:
PLANETA MEXICO
Materia
Autobiografías
ISBN:
978-607-07-0944-9
Disponibilidad:
Disponibilidad inmediata

AQUELLA NOCHE del 2 de julio de 2000 todo se me vino encima. Mis sentimientos viajaban de la alegría a la tristeza. Todo junto. Todo al mismo tiempo, sin posibilidad de separarlos. Esa vez yo manejaba mi Dodge modelo 97 y me dirigía a la vieja sede del PRD, en Monterrey 50. Había dejado la casa de campaña del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas poco después de las siete de la noche. Circulaba por avenida Chapultepec cuando decidí sintonizar la radio. Estaban anunciado que el presidente Zedillo daría un mensaje a la nación. Hablaría de la elección presidencial. Para escucharlo bien, sin prisas, me orillé casi frente al acueducto. Fue un impacto brutal. La voz de Zedillo retumbó en el coche y en mis oídos, y provocó que todas mis emociones se movieran como badajo de campana: el gusto por la derrota del PRI... el sabor amargo por la derrota del PRD. Y me dije: veinticinco años luchando por buscar el cambio y le toca a otro ser el que se lleva las palmas. Todo esto que inició en 1988, que habíamos sembrado desde la izquierda, lo cosechaba Vicente Fox y los de la derecha. Y me preguntaba: ¿ganamos?, ¿perdimos? Las dos cosas.
En mi auto hice el recuento de veinticinco años de esfuerzo. Mis primeros pasos en Guanajuato. El PST, el PMS, el PRD. Las tres campañas de Cárdenas y su victoria en la Jefatura de Gobierno. La dirigencia nacional. Todo. Entonces recordé aquel momento en que yo había decidido entrar de lleno a la política.

Fue una tarde de 1976, en Celaya. Había invitado a Rosa María a salir. Ella me tomó del brazo y caminamos por la avenida principal. Todavía no nos casábamos y yo tenía apenas un año de haberme incorporado al PST. Los dos éramos muy jóvenes: ella andaba por los diecisiete años y yo en los veinte.

—Tengo vocación política —le dije en la caminata—, ése es mi gusto y mi convicción, pero tenemos que tomar una decisión: ¿qué va a ser de nuestras vidas?

Le planteé los dos caminos. El primero consistía en que ella terminaría la carrera de enfermería, yo seguiría trabajando en la Secretaría de Hacienda, conseguiríamos un pequeño crédito para un departamento, esperaríamos los hijos, compraríamos un carrito en abonos, y dentro de treinta años ambos nos podríamos jubilar. El segundo era que yo me fuera por la militancia política sin saber a dónde nos llevaría.

—No tengo nada que ofrecerte —le dije—, quién sabe qué vaya a pasar con nosotros.

Ella me escuchó pacientemente, como si después de lo que le decía fuese a presentar un examen. Entonces me dijo:

—Mira, Carlos, yo creo que hay que hacerle caso a nuestra conciencia y a nuestro corazón, contra todo y contra todos. Ya sabes que te amo y cuentas conmigo. Ésa es mi decisión: estar juntos y caminar la vida, aunque no sepamos para dónde nos lleve.

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