CHARDIN O LA MATERIA AFORTUNADA

CHARDIN O LA MATERIA AFORTUNADA

Editorial:
NORTESUR
Año de edición:
Materia
Filosofía
ISBN:
978-84-937841-5-7
Páginas:
248
Encuadernación:
Otros
Disponibilidad:
Entrega 3-6 semanas. Precio puede variar
Colección:
NORTESUR ÓMNIBUS

Una exposición puede cambiar una vida. El hecho, a juzgar por mi propia experiencia, no es demasiado frecuente de todas maneras: a mí sólo me ha ocurrido una vez, al menos hasta tal punto, y me sorprende todavía que sea Chardin ?tan dulce, tan tranquilo, tan poco molesto? quien haya provocado en mí toda esa agitación. Chardin no es un pintor de corte ni un pintor maldito. Ni tampoco un traidor ni un loco. Es un pintor, simplemente, y uno de los más grandes. Maravillosamente libre, maravillosamente dueño de sus facultades y de su arte, maravillosamente auténtico. Como si bastara con mostrar el mundo tal cual es, con desvelarlo, con revelarlo, para que de repente todo cambie. Como si lo real, que nos contiene, fuera una verdad suficiente, una bendición suficiente. Como si el tiempo y la eternidad fuesen una sola cosa. Como si la materia fuera ya un acierto. Pero ¿por qué? ¿Cómo? [André Comte-Sponville] ¡Oh, Chardin! No es el blanco, ni el rojo, ni el negro lo que mezclas en tu paleta: es la substancia misma de los objetos, es el aire y la luz lo que mojas en la punta de tu pincel y fijas sobre la tela. [Denis Diderot] Por más que hojeemos los libros, las historias de la vida privada, por más que nos remitamos a las novelas para estar al tanto de las costumbres burguesas de la época, no las veremos con esa claridad que proporciona un único cuadro del pintor. [Edmond y Jules de Goncourt] Hemos aprendido de Chardin que un jarrón vulgar es tan bello como una piedra preciosa. El pintor proclamó la divina igualdad de todas las cosas ante el espíritu que las contempla, ante la luz que las embellece. Nos ha permitido huir de un falso ideal para penetrar profundamente en la realidad, para encontrar allí la belleza en todas partes, una realidad que ya no es la débil prisionera de una convención o de un falso gusto, es libre, fuerte y universal; al abrirnos el mundo real nos conduce al mar de la belleza. [Marcel Proust]